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La piratería cinematográfica en Internet


El mismo día del estreno mundial de Star Wars: La venganza de los Sith saltaba la noticia de que ya existía una copia ilegal en Internet y que al menos 16.000 personas se la estaban descargando en aquellos momentos, con grandes aspavientos (y amenazas) por parte de las organizaciones supuestamente defensoras de los derechos de autor y, concretamente, de la MPA/MPAA, asociación que representa a los principales estudios de cine. He leído varias veces la ingeniosa frase “La venganza de los Sith se ha pasado al lado oscuro de la Fuerza”, engendrada sin duda por un genio de la propaganda tendenciosa y distribuida a través de alguna agencia de noticias, pero contraria al sentido común, puesto que si en La Guerra de las Galaxias nos encontráramos, los internautas individuales que se bajan la película se parecerían más a los rebeldes que intentan restaurar La República que a los conspiradores que controlan El Imperio.

Porque independientemente de la veracidad de tales estadísticas, ¿cuánta gente se bajará la película entera y, sobre todo, cuánta dejará por tal motivo de ir al cine, alquilar o comprar el futuro DVD? Yo diría que a día de hoy muy poca, puesto que casi todas las personas que he conocido capaces de bajarse una película entera de Internet no lo hacían para ahorrarse el dinero, sino por curiosidad o por presumir ante sus amigos de tener algo que en ese momento no se podía conseguir de otra manera. Pero luego iban a verla a cine y, si les gustaba, finalmente acababan comprando la “edición especial” en DVD con todos los extras posibles. Por mi experiencia, buena parte de esos “piratas” que el otro día intentaban descargar en el disco duro de su ordenador una grabación de lo más cutre (aquí se pueden ver unos pocos segundos) de La venganza de los Sith son auténticos amantes del cine que contribuyen de manera importante a que las salas de exhibición logren subsistir (por lo general jóvenes con bastante tiempo libre), y que contrariamente a lo que pudiera parecer rara vez se atreven a comprar en la calle un DVD pirateado de dudosa calidad. En el lado opuesto nos encontraríamos a aquellas personas que obtienen una copia pirata, pero que nunca irían al cine a ver la película o adquirirían una copia legal, ya sea por razones económicas o de cualquier otro tipo. Por lo tanto, no se puede hablar de pérdidas millonarias de los estudios cinematográficos en función de las películas que se han intercambiado a través de Internet, o de las copias piratas que se han podido vender, puesto que esas cifras están hechas presumiendo que todos los que obtienen una copia ilegal son espectadores que dejan de ir al cine o que, de no conseguirla de esta manera, hubieran comprado una cinta o disco legal.

La cuestión no es tan simple como apoyar o no la justa recompensa económica que los propietarios de una película han de percibir por su trabajo, puesto que en tal caso todos estaríamos de acuerdo en luchar contra la piratería, sino en que se persiga eficazmente a aquellos que obtienen un beneficio económico por la venta de copias ilegales (para que no se llegue en nuestro país a unos niveles semejantes a los que tiene China), y se deje en paz a las personas que actúan sin ánimo de lucro. El tipo de descargas amateur al que hago referencia en este artículo no causa, en mi opinión, perjuicio económico alguno a la película, sino más bien todo lo contrario, puesto que tales noticias le proporcionan una publicidad gratuita de valor incalculable. Pero aunque así fuera, debería ser algo asumible, del mismo modo que se asume tácitamente que hay gente que cuando alquila un DVD en el videoclub se hace una copia del mismo (como antes ocurría con las cintas VHS), o que graba y colecciona las películas que se emiten por televisión y para lo cual se venden aparatos con ese objetivo principal. Todos hemos compartido alguna vez con un grupo de amigos una película grabada de la televisión, pero mediante las redes peer-to-peer en el "grupo de amigos" puede entrar todo aquel que pueda conectarse a Internet a una velocidad suficiente como para bajarse cómodamente los archivos relativamente grandes que constituyen una película (para más información ver el caso Betamax y su relación con las redes P2P, así como este conjunto de “preguntas y respuestas” relacionadas con la Propiedad Intelectual en España elaborado por la Asociación de Internautas).

El verdadero peligro para los productores cinematográficos en relación a Internet llegará cuando se generalice el uso de un ancho de banda similar al que ya se puede alcanzar en Hong Kong por muy poco dinero, y se compartan mediante las redes P2P copias exactas del DVD que está a la venta. El verdadero peligro para el resto del mundo es, en cambio, que se utilice la lucha contra la piratería en Internet para imponer cánones abusivos e injustos sobre cualquier dispositivo o soporte capaz de copiar una obra de cualquier tipo o, lo que todavía es más grave, para controlar Internet. El día anterior al del estreno de La venganza de los Sith leía asombrado que “La SGAE aboga por que se implante un carné de conducir para poder navegar por Internet". Afortunadamente, un día después también leía que “El Senado apoya por un voto la proposición del PP para eliminar el canon sobre CD y DVD”. Como en los primeros episodios de la saga de Star Wars, aún quedan esperanzas de que los conspiradores no se hagan con las riendas de un nuevo Imperio mediático.

Escrito el día 23 de Mayo de 2005 | Comentarios (0)

 

Tras la masacre


El día 30 de marzo de 2005 la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) presentaba el vídeo titulado "Tras la masacre", producido por la misma fundación, sobre “las consecuencias que sobre el ánimo de los electores españoles tuvo el ataque terrorista del 11 de marzo de 2004”, según se puede leer en su propia Web. Su inmediata difusión por Internet y la edición de ejemplares en DVD para ser enviados a colaboradores habituales y a expertos en ciencias políticas y de la comunicación, desató una intensa polémica de carácter político cuyos ecos aún se pueden escuchar en los medios de comunicación a día de hoy.

El archivo se puede descargar directamente, o ver mediante streaming, en español o en inglés, con versiones en dos calidades de audio y vídeo. En la mejor de ellas, los 14 minutos largos del video han sido codificados mediante el códec de Windows Media 9 Audio y Vídeo a 400 x 300 píxeles, probablemente a 12’5 fps y a una velocidad de bits aproximada de 300 Kbps. El resultado es bastante bueno (incluso la versión en inglés con subtítulos) para una descarga inferior a 27 MB, lo que no supone ningún problema para quien se conecte a Internet mediante la ADSL más básica. No obstante, como he tenido ocasión de comprobar, sigue siendo necesario acudir al DVD si se quieren apreciar bien los detalles.

En las siguientes líneas me limitaré a hacer unas breves reflexiones sobre el vídeo, puesto que no es éste el lugar adecuado para hacer un análisis político (ni siquiera uno rigurosamente técnico, semiótico o comunicacional). Y para simplificar, dividiré las objeciones principales que se le han hecho a la manera clásica de “fondo y forma”.

En cuanto al fondo, esto es, a los hechos que se narran mediante las imágenes y la propia locución, se ha dicho que el vídeo es tendencioso, o lo que es lo mismo, se le acusa de falta de neutralidad. Pero nadie debería esperar tal imparcialidad en un vídeo producido por una fundación que en modo alguno oculta su estrecha vinculación al partido que perdió, contra todo pronóstico, las elecciones generales que se celebraban tres días después del ataque terrorista. Sería moralmente reprobable si se tratara de un cúmulo de falsedades e incluso de especulaciones sin prueba alguna que las sustentase, o fuera un simple panfleto (como muchos de los cortos de la lamentable película coral "¡Hay motivo!" realizada poco antes de las citadas elecciones), pero curiosamente ninguna crítica seria ha insistido demasiado en la veracidad o falsedad de lo que allí se cuenta, probablemente porque los hechos son ciertos y no añaden nada nuevo a lo que cualquier persona medianamente informada ha podido leer con anterioridad en la prensa independiente española. Además, muchas de sus afirmaciones se apoyan en declaraciones públicas de diferentes líderes políticos, grabadas por las televisiones en el Congreso de los Diputados y en ruedas de prensa, lo que las hace difícilmente rebatibles salvo para quien quiera creer que han sido sistemáticamente sacadas de contexto.

En cuanto a la forma, es decir, al tratamiento que se le han dado a las imágenes y sonidos en la realización del vídeo, se le reprocha fundamentalmente el uso o abuso de técnicas publicitarias o, más bien, propagandísticas. Esta afirmación (que no el reproche) es absolutamente cierta, puesto que efectivamente se trata de un vídeo con una elaborada postproducción: fotografías, periódicos, imágenes televisivas generalmente enmarcadas, rótulos, mapas y otros grafismos, se entremezclan en una composición multicapa, cuya continuidad asegura un fondo ígneo en continuo movimiento. En cuanto a la banda sonora, esencial para marcar el ritmo visual e incitar diferentes estados de ánimo en el espectador, es de parecida complejidad en cuanto a la combinación de músicas, locución, sonido ambiente y efectos sonoros. El resultado (técnico-artísticamente hablando) es muy aceptable para un vídeo de estas características, si bien hay cosas que a mí personalmente no me gustan, como el empleo del corte puro y duro entre dos fragmentos de la misma intervención televisiva de un político (en vez de usar una cortinilla), o el rótulo en 3D del “Pásalo”, por citar dos ejemplos; y otras que en cambio me agradan mucho, como los símbolos resplandecientes (probablemente simples letras desenfocadas a las que se les ha aplicado un intenso glow) que se desplazan a través de la pantalla y en ocasiones sirven para enmarcar las imágenes grabadas por las televisiones durante aquellos días.

Sin embargo, no me parece acertado censurar el uso de esta estética “propagandística” (dinámica, espectacular), sin la cual probablemente sería muy difícil mantener al espectador catorce minutos pegado al monitor de su ordenador, si tenemos en cuenta que se trata de un vídeo producido desde el punto de vista del partido político más perjudicado por las consecuencias del atentado en el proceso electoral, su duración y el tipo de difusión masiva escogido. No es posible aplicar a este tipo de vídeos los criterios de objetividad (tanto en el fondo como en la forma, puesto que en realidad no son disociables) exigibles a un reportaje televisivo; sino más bien los exigibles a un publirreportaje comercial, lo cual no significa en absoluto que no sea verdad lo que allí se cuenta, sino que sólo se cuenta aquello que favorece a la tesis que se quiere transmitir. Lo reprobable sería que mediante la manipulación de las imágenes o del propio montaje, se sugiriese al espectador una interpretación manifiestamente falsa de lo acontecido; o que incluso se intentara provocar una respuesta emocional irracional o desproporcionada, mediante aquellos recursos que ya nos desveló Einsestein en el primer tercio del siglo pasado (y que siguen siendo igualmente eficaces).

Otro tipo de discusiones que he escuchado a menudo se refieren al hipotético perjuicio que ha podido ocasionar la realización de "Tras la masacre" al partido político vinculado a la fundación que lo ha producido, y a su conveniencia u oportunidad política en general. En una sociedad avanzada y teóricamente democrática, parece bastante absurdo pensar que pueda verse perjudicado quien denuncia unos hechos delictivos (contrastados, por otra parte) antes que los presuntos promotores de los mismos; pero aunque existiera tal riesgo, es preferible colaborar en su divulgación a resignarse a vivir en la oscuridad. Cualquiera que haya estudiado un poco de psicología social, de persuasión de masas o simplemente de publicidad, sabe lo sencillo que resulta influir en la opinión pública si se cuenta con el suficiente apoyo mediático, por lo que para cualquier verdadero liberal intentar contrarrestar la manipulación informativa predominante es ya una cuestión de principios y, en el caso que nos ocupa, de legítima defensa.

“Tras la masacre” es, por tanto, un vídeo propagandístico en el sentido que le da a esta palabra la Real Academia Española (RAE). Esto no es algo bueno o malo por sí mismo, sino que lo será en función de la veracidad de lo que se transmite y de sus propósitos finales. Pero lo cierto es que no habiendo sido emitido íntegro (que yo sepa) por ningún canal de televisión nacional o autonómico, la polémica ha servido principalmente para que más gente se interese por él, ya sea para coincidir, discrepar o por mera curiosidad. Cuando escribo estas líneas, según FAES el vídeo ha sido descargado en más de 1.200.000 ocasiones, lo que demuestra la fortaleza de Internet y lo que puede llegar a significar para la libertad de expresión en nuestro futuro más inmediato.

Escrito el día 29 de Abril de 2005 | Comentarios (0)

 

Abrimos "Opinión"


El apartado de opinión recién estrenado se basa en el popular sistema de “bitácoras” o weblogs. Para quien no tenga claro de qué se trata, le diré que se llama Bitácora en Internet a una página Web con escritos ordenados cronológicamente, siendo lo habitual que la primera sea también la más reciente. Esta es la definición más generalizada que he encontrado, pero puede leerse más extensamente sobre las bitácoras en, por ejemplo, aquí y aquí.

Una bitácora puede, en cualquier caso, tomar diversas formas y ser usada con diferentes propósitos. En nuestra Web la hemos adaptado para desarrollar el apartado de “opinión”, por facilitar la participación de toda persona que quiera manifestar su parecer respecto a cualquier tema relacionado con los medios audiovisuales. Si alguien quiere enviarnos una opinión en toda regla tendrá que, en cualquier caso, dirigirnos un e-mail tal y como se explica en la introducción a la sección de “Colaboraciones”. Pero si solamente quisiera comentar algo sobre una opinión ya publicada, lo puede hacer directa e inmediatamente desde la propia Web. Por lo tanto, la ventaja de esta técnica es que posibilita la introducción de mensajes de texto automáticamente, como en cualquier foro de los que abundan por La Red, pero de manera más concreta al estar todos ellos relacionados entre sí por la “opinión” inicial de la cual derivan.

Esperamos animar de esta forma al intercambio de opiniones y experiencias sobre el cine, el vídeo y la televisión desde un punto de vista más profesional que el del mero espectador, algo todavía infrecuente en nuestro país.

Escrito el día 14 de Abril de 2004 | Comentarios (1)

 

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