Logroño en “Ciudades para el Siglo XXI”
El pasado domingo 20 de marzo, La 2 de TVE emitió un reportaje dedicado a Logroño (capital de la uni-provincial Comunidad Autónoma de La Rioja, España) dentro de la serie “Ciudades para el Siglo XXI”. Lo cierto es que esa semana estuve fuera de Logroño y no me enteré de su emisión, pero a mi regreso me encontré con la sorpresa de que el Ayuntamiento de Logroño y la Fundación Logroño Turismo, que al parecer han colaborado económicamente en la producción, me habían enviado amablemente una copia en DVD del mismo.
La edición de ejemplares en DVD ha debido de ser muy pequeña, dirigida fundamentalmente a organismos, a determinadas empresas y a profesionales de la comunicación, entre los que me cuento, pero en cualquier caso se trata de una excelente iniciativa ya que hará más probable que el documental no pase desapercibido. En consecuencia, me siento obligado a aprovechar este espacio para hacer algunos comentarios sobre este reportaje o publirreportaje.
En primer lugar, he de decir me parece muy bien que una empresa pública y de servicio público como TVE, produzca reportajes y documentales aprovechando sus casi ilimitados recursos económicos (ya que salen directamente de nuestros bolsillos) y su nutrido personal, en vez de emplearlos en magazines puramente del momento, que compiten directamente con otros similares producidos por las cadenas privadas de televisión, siempre y cuando en la producción no se subcontrate más de lo estrictamente necesario. Estos reportajes no pueden ser rentabilizados en función de su audiencia, por lo que en España el género documental es prácticamente inexistente. Sin embargo, pueden tener otros beneficios añadidos a medio plazo que debería considerar una televisión pública como la española. En el caso que nos ocupa, es muy posible que la serie sea adquirida por canales temáticos y cadenas de televisión de otros países, lo que sin duda aumentará el prestigio de TVE y a la vez promocionará a las ciudades incluidas en la serie tanto fuera como dentro de nuestras fronteras. Además, TVE está especialmente bien situada para afrontar la producción de una gran variedad de reportajes etnográficos, turísticos y culturales, gracias a disponer de Centros Territoriales por todo el país.
Dicho esto, me centraré en el reportaje en sí mismo. El título genérico de la serie no es muy original, ya que la referencia al siglo XXI como sinónimo de modernidad se ha usado hasta la saciedad en multitud de reportajes, sobre todo en los últimos años del siglo pasado. En cuanto al capítulo que nos ocupa, se trata de una producción de aproximadamente 24 minutos de duración titulada “LOGROÑO – Ciudad en el aire”. La metafórica segunda parte del título he de confesar que jamás la hubiera entendido de no haber leído que alude a una característica arquitectónica que ha llamado la atención del guionista y realizador: los numerosos portales (soportales o pórticos) que existen en la ciudad, si bien a mí, tal vez porque soy de Logroño, no me parece algo ni tan característico ni tan relevante como para sugerir el imaginativo subtítulo.
En general, y para no extenderme demasiado, diré que su estructura es la clásica de los reportajes o publirreportajes turísticos que estamos acostumbrados a ver por televisión. No intenta proporcionar una visión más o menos objetiva de la ciudad (motivo por el cual evito deliberadamente llamarlo “documental”), sino que se centra en las características positivas más relevantes o novedosas de la misma, sin perder de vista una clara vocación de “guía de viajes”, como en la propia página Web de la serie se especifica. No se trata, por tanto, de un reportaje con grandes pretensiones (lo cual a veces es de agradecer), pero una narración sobria y directa, y unas imágenes atractivas gracias al uso de medios técnicos más que notables (Wescam, cabeza caliente, Steadicam) para una producción de estas características, consiguen que se vea agradablemente y que en mi opinión cumpla su objetivo bastante bien.
En cuanto a la realización, es más imaginativa que la media de reportajes a los que TVE nos tiene acostumbrados, con buenos enlaces entre temas diferentes y profusión de acelerados. Algunas ideas resultan atractivas, como la de la pareja de músicos tocando en la calle con los cuales se inicia el reportaje, y otras más discutibles, como una sucesión de planos de diferentes personas dedicadas a autorretratarse con sus teléfonos móviles. Más difícil de entender es que, en su último tercio, el reportaje se salga brevemente de Logroño para mostrarnos unos pocos lugares de la Comunidad Autónoma, por muy importantes que algunos de ellos sean, y sin embargo no exista una referencia precisa de la forma y ubicación geográfica de La Rioja en la Península Ibérica (tanto de manera infográfica como en el texto de la locución).
Como en un reportaje de este tipo resulta imposible contentar a todo el mundo, habrá quien eche de menos determinados lugares y aspectos de la ciudad; para mí, por el contrario, otros sobran o se tratan en exceso, como la atención concedida a una reconocible empresa dedicada al registro de dominios y alojamiento Web. Quizá lo que personalmente más echo en falta sea una mayor emotividad o calidez en el reportaje, pero para conseguirlo habría que haber adoptado un estilo radicalmente distinto al empleado en esta serie de televisión. Queda mucho por hacer, pues lo cierto es que en La Rioja la materia audiovisual en todos los ámbitos de la sociedad, desde el educativo al institucional y empresarial, es una asignatura pendiente que ya cobra tintes alarmistas, sobre todo si tenemos en cuenta la importancia que le conceden otras autonomías, y los efectos de desarraigo cultural y desconocimiento de la propia tierra que provoca esta situación. Así que cualquier impulso serio desde las instituciones a la producción de reportajes y documentales es de agradecer, por lo que mi valoración final sobre “LOGROÑO – Ciudad en el aire”, como ya he dicho antes, es manifiestamente positiva: se trata de un buen trabajo y es bastante exhaustivo para su duración.
La manipulación informativa
La madrugada del 2 de noviembre la pasé en vela, viendo y oyendo las principales televisiones y radios españolas. Eran elecciones en USA y casi todas las cadenas nacionales, además de por lo menos algunas de las autonómicas, hacían un programa especial sobre las mismas como si de elecciones en nuestro país se tratara. Pero en realidad, ni a mí ni (estoy convencido) a la gran mayoría de los españoles nos interesa tanto la política interna norteamericana como para justificar tal despliegue de medios, que dicho sea de paso, no recuerdo que nunca antes haya sido tan exagerado.
No he conseguido acceder a los datos completos de audiencia de esa noche, pero el número de espectadores tuvo que ser muy bajo, fundamentalmente políticos, periodistas e insomnes supongo, pese al empeño en hacernos creer desde todas partes que se trataba de unas elecciones cruciales para nosotros, como si pudiéramos influir desde aquí con nuestros deseos sobre lo que los estadounidenses fueran a votar. Pero dejando a un lado la política, como profesional de los medios de comunicación me vi en la obligación de observar tan inusual despliegue de medios, pese al sopor que me empezó a acometer a partir de las cuatro de la madrugada.
En cualquier caso, pasar la noche en vela mereció la pena. La mayoría de los medios no se limitaban a informar y analizar lo más objetivamente posible aquellos datos sobre los resultados que iban recibiendo, sino que, por el contrario, apoyaban claramente a uno de los candidatos, el demócrata, como si se tratara de un partido de fútbol en el que participara España. Algunos de ellos incluso se resistían a dar informaciones que favorecieran al republicano, encontrándome perplejo ante una situación tan absurda como la siguiente: mientras que, sobre impresionados, durante toda la noche los datos siempre daban un número mayor de representantes a G.W. Bush en la asignación provisional, los comentaristas se empeñaban en hacernos creer que el favorito seguía siendo el señor J. Kerry. TVE y la Cadena SER fueron especialmente belicosos al respecto. Concretamente, Televisión Española desplazó a un buen número de profesionales a Estados Unidos que no aportaban nada, pero que debieron disfrutar del viaje con nuestro dinero, mientras que en el estudio los comentaristas invitados “interpretaban” las cifras en un sentido contrario al del sentido común.
La desinformación informativa fue completa. Ya lo había sido durante los meses previos a estas elecciones, y los que entendemos un poco de comunicación percibíamos con nitidez el uso continuado de técnicas propagandistas (simples pero efectivas, aunque descaradas), destinadas a introducir en la mente del espectador la idea de que uno de los candidatos era Satanás y el otro poco menos que El Profeta prometido. Desde proporcionar mucho más tiempo al candidato demócrata en los informativos (esto lo hemos podido observar todos), a introducir noticias sobre la guerra de Irak inmediatamente antes o después de informaciones relativas al presidente de Estados Unidos. Alguna televisión autonómica fue más allá, usando recursos propios de regímenes totalitarios como el cubano, el soviético de la antigua URSS o el de la Alemania nazionalista.
Al principio me preguntaba cuál era el motivo de tanto interés por parte del Estado y sus medios afines (o sea, casi todos), por implantarnos una visión falsa o sesgada de la realidad norteamericana, cuando los españoles no podemos participar en su proceso electoral sencillamente porque no somos ciudadanos de aquel país; pero en seguida me di cuenta de que una derrota del candidato republicano se asimilaba a una victoria de las tesis del Gobierno actual, tan diferentes a las del actual presidente de Estados Unidos y a las del anterior presidente del gobierno de España, y por tanto se tomaba como un triunfo propio. Esto es evidentemente absurdo y carece de toda lógica, pero si una parte de los votantes españoles se lo cree el objetivo está cumplido. Vuelve a estar de moda (si alguna vez dejó de estarlo) ser antinorteamericano, pese a que todos nosotros nos aprovechamos de los adelantos tecnológicos que allí se fomentan, vemos sus películas y conocemos mejor su sistema judicial (el de aquí prácticamente ya no existe como poder independiente) o su policía, y sus cosas buenas y malas, que las nuestras. Incluso olvidamos que si no fuera por su participación en la Segunda Guerra Mundial ahora seríamos súbditos del Tercer Reich o tal vez de la Unión Soviética.
Lamentablemente, las cosas no cambiarán y la manipulación informativa seguirá ejercitándose irresponsablemente en nuestro país. Da igual lo nefasto que pueda ser para los españoles en general, pues al fin y al cabo lo que siempre ha importado (como los hechos históricos se empeñan tozudamente en demostrar), es el beneficio de los que están instalados en el poder y de los que les son afines. Porque estimular la razón nunca ha dado buenos resultados, lo que funciona verdaderamente es aquella propaganda fácil que excita los sentimientos más bajos de una sociedad.
Cold case
A principios de 2004 Antena 3 TV estrenaba a bombo y platillo (aunque incumpliendo la ley, ya que lo hizo sin el preceptivo aviso de once días), una nueva serie policíaca americana de notable éxito en Estados Unidos: “Sin Rastro” (Without a Trace). Creo recordar que después pretendían realizar un programa en directo sobre personas desaparecidas en España, pero a las pocas semanas la retiró súbitamente de su programación al no conseguir los resultados de audiencia esperados. Seis meses después, en julio, volvió a programarla, pero los pocos episodios que restaban de la primera temporada de esta serie apenas la han mantenido dos meses más en emisión, dificultando su conocimiento por parte del espectador español y, por tanto, el fidelizar a su posible audiencia.
A mediados de junio de este año Televisión Española estrena otra serie americana policíaca o de investigación: “Caso abierto” (Cold case), producida por la misma persona que "Sin Rastro" y "CSI". La estrategia seguida era una variación de lo que se pretendía hacer en Antena 3, ya que después se programaba la truculenta serie española “Lo que me contaron los muertos”, unos penosos reportajes sobre crímenes en nuestro país (me abstendré en esta ocasión de comentar lo rematadamente mal que tradicionalmente se hacen este tipo de series en España, pero si en TVE o en Antena 3 quieren aprender algo que se pongan en contacto con esta Web y les ofreceremos un cursillo de reciclaje con mucho gusto, nunca mejor dicho). Esta serie americana y la española de reportajes comenzaron a emitirse los miércoles a la diez de la noche, contando normalmente con dos capítulos seguidos de “Caso abierto” más uno de “Lo que me contaron los muertos”.
Lejos de aprender del error de Antena 3, mes y medio después Televisión Española cambia la emisión de estas dos series a los sábados a la once y pico de la noche (dependiendo el pico de otros eventos). Pero TVE se lleva el premio gordo a la incompetencia. ¿A qué se dedican los jefes del departamento de programación, que probablemente cobrarán un sueldo de escándalo sin mérito alguno, como por otra parte ocurre con la mayoría de los directivos de las ruinosas empresas públicas españolas? (por eso son ruinosas, claro). Porque incomprensiblemente comienzan entonces a repetir sin previo aviso el segundo capítulo de "Caso abierto", el cual ya se ha emitido hace menos de dos meses, sin entender que, por poner un solo ejemplo, en estas series existe una subtrama que tiene que ver con la vida personal de los protagonistas y/o con acontecimientos ocurridos en episodios anteriores, por lo que romper el orden de emisión imposibilita entender adecuadamente esa subtrama, encontrarse con situaciones chocantes o imposibles, e incluso malinterpretar la temporada entera.
Pero ahí no acaba la cosa, ya que poco después deciden emitir los sábados un solo episodio nuevo de “Caso abierto”, a continuación dos repetidos de la misma serie y por último uno repetido de “Lo que me contaron los muertos” (que por lo visto no tenían mucho que contar). Esto es lo que lleva pasando las últimas tres semanas, pero está claro que en breve, si no lo han hecho ya, tendrán que empezar a tripitir los episodios emitidos hace escasas semanas, como si estuvieramos hablando de una televisión local en vez de una televisión que tiene un presupuesto superior a 950 millones de Euros (158.000.000.000 Ptas. aproximadamente). En fin, la televisión en España sí que es un verdadero Cold case.
Publicidad televisiva: lo que dice la ley
Quisiera felicitar a Rafael Fort por su artículo "La televisión contra el espectador", y no solo dar mi opinión al respecto, sino recordar lo que la ley dice sobre los tiempos de emisión de publicidad en televisión.
Según la Ley 22/1999 de 7 de junio que modifica la anterior Ley 25/1994 de 12 de julio sobre el ejercicio de actividades de radiodifusión televisiva en España, el tiempo total dedicado a la publicidad en todas sus formas "no será superior al 20% del tiempo diario de emisión", concretamente los anuncios publicitarios no pueden superar el 15% de dicho tiempo. Por otro lado, durante cada una de las horas naturales del día, "el tiempo de emisión dedicado a la publicidad en todas sus formas y a los anuncios de televenta no podrá ser superior a los diecisiete minutos". Quedan excluídos de estos tiempos los anuncios de servicio público o de carácter benéfico.
Todo lo que tenemos que hacer para comprobar como esto no se cumple por parte de las televisiones es sentarnos frente al televisor con un cronómetro en la mano. Es sabido que el problema no se deriva de la ausencia de una regulación, sino de que es más barato pagar la multa por saltársela que lo que se dejaría de ingresar en concepto de tarifas de emisión si se cumpliera.
Soy de la opinión de que tenemos la televisión que nos merecemos. Los españoles somos audiencia cautiva: nos tragamos lo que nos ofrezcan sin rechistar. Uno echa de menos programas legendarios en otros países de nuestro entorno como "Watchdog" de la BBC británica, un programa semanal en el que los telespectadores remiten sus quejas y consejos a la cadena y esta responde, mostrando además el fragmento concreto de programa al que se refiera cada queja. Claro que también el público inglés dispone cada año en las librerías y las bibliotecas públicas del informe anual de la BBC sobre gastos e ingresos y su cuenta de resultados. Francamente, a mí no me importaría pagar un canon por una televisión así.
Por cierto, a próposito de la publicidad, ¿no se hallaba el sector sumido en una crisis profunda con las agencias recortando drásticamente los costes de producción de spots? ¿cómo es posible entonces el bombardeo ingente al que nos someten las televisiones?. ¡Ah! y una última cosa: ¿hay forma más ridícula de publicitar un producto que los espacios en las pausas publicitarias de las series en las que los mismos actores que acabamos o vamos a ver nos estén vendiendo un producto?, ¿es que alguien se imagina en las pausas de "Expediente X" a David Duchovny vendiendo un champú y en un mismo decorado de la serie?, ¿o a David Caruso de "CSI Miami" ofertándonos una maleta a mitad de un episodio?. Este tipo de publicidad no solo no consigue que el consumidor adulto se sienta atraído por el producto, sino que desprestigia a un actor al frivolizar al personaje que interpreta haciéndolo menos creíble. Puede que funcione para un público adolescente como en el caso de "Un paso adelante", pero dudo mucho de que sirva más allá de lo risible con una audiencia madura. Claro que como aquí nos empeñamos en hacer series "para todos" y con cuatro duros pues... Pero ese es otro tema que ya comentaré en otra ocasión.
¡Conmigo NO, gracias!
Hace un par de horas, a eso de las doce de la noche, he encendido la televisión y me he encontrado con que TVE-1 estaba emitiendo la “Gala presentación programación 2004-05. Contamos con todos”. Pero si me he quedado estupefacto no ha sido por motivos tales como lo espantoso del espectáculo desplegado, ni porque pareciera recuperado del archivo de TVE de hace dos décadas, ni siquiera por la descarada manipulación política (cuyo título pretende refutar ante las previsibles críticas que ya ha comenzado a recibir), sino porque ese mismo programa lo emitieron ayer domingo a las diez de la noche.
Jamás había visto tal cosa. Es cierto que en televisión ha sido relativamente frecuente que determinados programas con bastante éxito, emitidos por la noche, fueran repetidos al día siguiente por la mañana, para así llegar también a aquellas personas que acostumbran a acostarse temprano y para rellenar momentos de baja audiencia. Pero emitir, en “prime time” y en el mismo canal de la televisión pública, el mismo insufrible programa al día siguiente de su estreno, es algo tan insólito como descabellado. Sería para partirse de risa si no estuviéramos pagando todos esa banda que dirige Televisión Española. Porque yo no pienso caer en ese falso patriotismo de proclamar las bondades de todo aquello que no está bien, como la gran capacidad militar de nuestras fuerzas armadas, la competencia digna del CSI de nuestra policía, la honradez sin tacha de nuestros políticos, etcétera (conocer las propias carencias es el primer paso para neutralizarlas): Entre los cerca de 9.000 empleados de TVE habrá sin duda buenos profesionales, pero desde luego son una minoría. Sé de lo que hablo, pues he conocido a muchos. Algunos tenían ilusión al principio, pero en cuanto conseguían el contrato indefinido se contagiaban casi todos de la desidia general, decidiendo hacer/aprender lo mínimo posible (como ocurre en todas la empresas u organismos de tipo funcionarial) o pedir una excedencia temporal, para regocijo de las productoras. Aún recuerdo cuando en un centro de TVE, los montadores se negaban a aprender edición por ordenador si no les subían a una categoría equivalente a la de ingeniero. «Peor para ellos -pensé entonces-, pero ¡qué va!, peor para todos nosotros».
En fin, que si esto es un anticipo de lo que se nos viene encima este año, por favor, no cuenten conmigo.
El modelo de TDT español: ¿Merece la pena?
A la vista de las ventajas técnicas que aporta la TDT (ver artículo sobre este tema), parece en principio acertado contemplar la sustitución del actual sistema de difusión de televisión analógica por el digital. Sin embargo, la implantación de la TDT en España tal y como está concebida plantea serias dudas respecto a la mejora real de la calidad técnica y de los contenidos.
En cuanto a la calidad de las imágenes, aquellas con escaso movimiento como informativos y tertulias se verán más nítidos que con la televisión analógica, fundamentalmente por ausencia de interferencias. Sin embargo, con una velocidad efectiva de transmisión de menos de 4 Mbit/s por canal, el usuario puede llegar a percibir claramente el "ruido de compresión" en las escenas con alto contenido de movimiento (ciertos deportes o películas con mucha acción, por ejemplo), empeorando su impresión subjetiva con respecto a la televisión analógica actual cuando ésta se realiza en buenas condiciones de recepción.
Sobre la calidad de los contenidos, tampoco podemos ser optimistas. Con la ampliación de la oferta de programación que la TDT va a procurar, se va a fragmentar más el público televidente, lo que puede llegar a provocar una disminución de los ingresos de las cadenas que basan su negocio en la publicidad (canales en abierto). Además, estas empresas deberán afrontar los costes ligados a la compra de más contenidos, confección de las programaciones, transporte de las señales y tasas por ocupación del espectro radioeléctrico. Un modelo de negocio poco claro que nos lleva a presagiar, en el mejor de los casos, el estancamiento en la calidad de los programas emitidos e incluso en la variedad de los mismos.
Teniendo en cuenta que para recibir las nuevas señales digitales es necesario adecuar la instalación de la antena y el cableado de distribución en la mayoría de las residencias actuales, y que además se precisará de la utilización de equipos receptores-descodificadores externos al televisor (set-top boxes), como en el caso de la televisión por cable o televisión por satélite, o bien de una renovación de los parques de televisores analógicos actuales, cabe preguntarse cuáles son los beneficios que vamos a obtener como espectadores con el modelo de TDT en vigor en nuestro país. Los únicos que claramente saldrán beneficiados de este alto coste de migración por parte del usuario, van a ser las empresas relacionadas con la fabricación, venta e instalación de los nuevos equipos. Y, de manera tangencial, también parece probable que se beneficien aquellos canales que basan sus ingresos en cuotas de abono y pago por visión.



