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El verdadero educador


Desde luego que El Profe sabe de lo que habla en lo que a enseñanza audiovisual se refiere. Su artículo es una auténtica radiografía del sistema educativo español en torno a esta materia. Entre todos los temas que trata, cabe destacar el punto en que comenta el desplazamiento de un extremo al otro en la concepción de la enseñanza. Parece ser que los estudiantes y, por ende, consiguientes trabajadores de Comunicación Audiovisual (por emplear un término que englobe a cine, televisión, radio, multimedia o Internet) han pasado de ser unos teóricos a convertirse en unos aprietabotones. Y es que siempre me ha fastidiado mucho que me llamen "técnico", mientras la otra persona, que no tiene ni base técnica, ni cultural alguna, se considera un "creativo" sólo porque ve la MTV o la última película de moda. Para saber comunicar hay que saber expresarse y lograr esto requiere de unos mínimos educativos y culturales que, francamente, cada vez parece ser que escasean más. En muchas ocasiones he visto a gente joven afanarse por poder manejar una cámara o aprender un programa de edición dejando a la improvisación absoluta qué, cómo y por qué quiere contar algo. No es extraño, sólo hay que encender la televisión, para ver que la mayoría de programas adolecen de esto. Y este medio de comunicación -¡tiemblen amigos!- es, por encima de todos, el verdadero educador social de la actualidad.

Tras escribir este comentario, he leído el de Rafael Fort “Sobre la enseñanza audiovisual” y también he de felicitarle por su más que certero análisis.

José Mª Pedemonte

Escrito el día 26 de Septiembre de 2004 | Comentarios (0)

 

Sobre la enseñanza audiovisual


He leído con atención el estupendo artículo sobre la enseñanza audiovisual en España, donde se apunta a la masificación en las aulas como una parte del problema de "falta de perspectivas” de los profesionales de la industria audiovisual. Pero aun coincidiendo con el análisis de fondo allí efectuado, me gustaría hacer algunas matizaciones respecto a la educación y al mercado laboral.

Para empezar diré que la formación está cuando menos mal enfocada o carece de los recursos técnicos y humanos mínimos necesarios, algo endémico en la educación en España si la comparamos con la de otros países de nuestro entorno, con los cuales, por otra parte, competimos. En el apartado técnico nos encontramos con que los artilugios propios de los medios audiovisuales todavía son caros y delicados, además de requerir personal especializado para su manejo, lo que dificulta su adquisición por parte de facultades y escuelas. En cuanto las asignaturas, lo habitual es que no estén enfocadas hacia lo que el alumno va a necesitar en su vida profesional, ni siquiera desde un punto de vista estrictamente teórico o cultural. Otras veces son los profesores los que carecen de incentivos y se preocupan poco por actualizar sus conocimientos, dado que sólo la muerte puede evitar que sigan dando clases por muy necios que sean (a mí me explicaron las válvulas en vez de los transistores porque era lo único que recordaba el viejo profesor que me dio clases de Tecnología, independientemente de la futilidad de tales conocimientos para estudiantes que no poseen base alguna en electrónica).

En Formación Profesional, por ejemplo, para impartir Técnicas y Procedimientos de Imagen y Sonido (o Procesos y medios de Comunicación en Secundaria) se necesita tener alguna de las siguientes titulaciones: licenciado en Comunicación Audiovisual, en Publicidad y Relaciones Públicas, en Periodismo, Ingeniero de Telecomunicación o Ingeniero Técnico en Telecomunicación, especialidad en Sonido e Imagen. Es evidente que la primera de la lista es la única titulación adecuada, porque ya me dirán ustedes qué técnicas y procedimientos de imagen y sonido se estudian en Periodismo o en Publicidad; por otra parte, un Ingeniero de Telecomunicaciones podría enseñar muy bien electrónica a aquellos estudiantes que luego se encargarán de la fabricación o el mantenimiento de los equipos, pero ni técnicas ni procedimiento alguno de imagen y sonido entran dentro de su formación. En cualquier caso, no deberían meterse todos los “medios” presentes y futuros en el mismo saco; al menos debería existir una división de base entre materias tan diferentes como la fotografía, el sonido, y el cine-video, por no citar las subdivisiones profesionales que deberían impartirse como módulos extraordinarios de especialización.

Si a la escasa formación se une la mínima (por no decir nula) protección que ofrece el Estado a las titulaciones oficiales, tendremos como resultado el hecho de que buena parte de los que acceden a un puesto de trabajo en un medio de comunicación, como una televisión, nunca han estudiado nada relacionado con los medios audiovisuales, ni siquiera yendo al cine por afición. ¿Por qué tiene que poseer “por ley” la titulación oficial de Arquitecto quien firma el proyecto de un edificio, y en cambio cualquiera puede redactar una noticia, gestionar la programación o dirigir una emisora de TV? Alguien me responderá que para que no se caiga la casa en cuestión y dañe a sus inquilinos, pero yo no estaré de acuerdo: durante decenas de siglos se han construido excelentes viviendas dirigidas por “arquitectos” sin titulación alguna, pero que sabían muy bien lo que hacían y asumían su responsabilidad. El motivo no es otro que el corporativismo y la eliminación de determinada competencia, porque de lo contrario cualquier albañil competente diseñaría a la perfección una casita de dos plantas, por poner otro ejemplo. Sin embargo, una nefasta gestión de un medio de difusión de masas afecta de forma perniciosa, tanto económica como culturalmente a muchísima más gente (a veces a toda una sociedad), y lo puede regentar hasta un analfabeto. Las televisiones ya no quieren gente con experiencia y conocimientos, porque existe una teoría comúnmente asumida (pero constantemente contradicha desde otros países como Estados Unidos), según la cual el español medio no distingue un buen trabajo de algo zafio y mal construido, como si diferenciar un buen documental de otro pésimo fuera algo que sólo lo aprecian “los pijos”. Para trabajar en esto vale cualquiera, debido a lo cual sobre los criterios de profesionalidad priman los del puro amiguismo o simplemente el que se aguante trabajar a destajo por un salario de risa.

Sin embargo, es posible que la saturación de estudiantes, en relación a la capacidad de absorción del mercado laboral, no sea superior en la enseñanza audiovisual a la que padecen la mayoría de los estudios, puesto que aquélla se concentra en determinadas grandes ciudades. En La Rioja, por ejemplo, no existe ningún estudio de ningún tipo orientado a los medios audiovisuales, ni universitarios, ni de F.P., ni en secundaria, ni semi-públicos, ni privados, nada de nada. Y una ciudad del tamaño de Zaragoza, prácticamente con lo único que cuenta para enseñar estas materias es con un Instituto de F.P. y con una especie de Tercer Ciclo del que mejor no hablar. Esto supondrá para muchas personas, o bien renunciar a estudiar algo relacionado con medios audiovisuales, o bien un gasto considerable si pueden permitírse estudiar en otra ciudad. Para la ciudad o autonomía sin estudios audiovisuales supondrá probablemente la casi absoluta carencia de profesionales de estas materias, y en consecuencia insuficientes servicios, fuga de talentos y de capital. En una sociedad global como la nuestra, en la cual la imagen es cada día más importante, vemos con pesar cómo en estas ciudades la mayoría de las empresas y organismos públicos no disponen en la práctica de material audiovisual alguno con el que promocionar su región, sus productos o su identidad cultural (que acaba por desvanecerse), lo que a su vez deriva en el conformismo y la vulgaridad, y el predominio cultural de unas pocas comunidades sobre las demás.

Como conclusión diré que en mi opinión el problema no lo es tanto por la avalancha de nuevos profesionales hacia un mercado saturado, como por tres factores estrechamente relacionados entre sí: la concentración de la enseñanza y de las empresas de producción en unas pocas grandes ciudades, la insuficiente formación del alumnado y la escasa valoración profesional de la titulaciones obtenidas. A todo aquel que no esté de acuerdo conmigo o tenga algo que añadir, le animo a que comente aquí debajo lo que quiera, estoy seguro de que la polémica nos puede resultar de gran utilidad.

Rafael Fort

Escrito el día 26 de Septiembre de 2004 | Comentarios (0)

 

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