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HOMOLOGACION DE TITULOS o el enterramiento prematuro

(22 de septiembre de 2004)

Por Tyler Durden

 

Tengo 36 años y soy licenciado en Ciencias de la Información: Especialidad Ciencias de la Imagen Visual y Auditiva. Terminé la carrera en junio de 1991 y el destino quiso que tan sólo dos meses después se aprobara el Real Decreto 1427/91 de 30 de Agosto, por el que se establecía el título universitario de licenciado en Comunicación Audiovisual (B.O.E. 10-10-91). A partir de ese momento, los nuevos planes de estudios de la carrera emplearían esta nueva denominación que sustituía a la anterior. En un principio no le di mayor importancia. Se trataba de la misma carrera, pero con distinto nombre; el mismo perro con distinto collar. Pero, con el paso de los años, me di cuenta poco a poco de un inquietante hecho. En los anuncios de oferta de trabajo, ya fuesen públicos o privados, se había dejado de solicitar licenciados con el título que cuelga en mi despacho. La nueva denominación había desplazado por completo a la anterior. Desde un punto de vista terminológico no me parecía mal: era más directa y menos farragosa de decir que la mía. (La gente de mi generación, ante el dilema de responder interminablemente a la pregunta sobre qué estudios ha realizado, opta por decir sencillamente “Imagen y Sonido”.) La cuestión era: ¿sabrían los ofertantes del trabajo que ambos títulos tenían exactamente la misma equiparación? A priori sí, pero la experiencia laboral me ha dicho “piensa mal y acertarás”, como así ha sido. Lo más grave de todo es que este fallo se haya producido dentro del propio sistema educativo español, aquel que precisamente homologó en su día los títulos y después, parece ser, puntualmente lo olvidó.

La historia, escuetamente, viene a ser la siguiente: tras presentar mi solicitud como profesor en la enseñanza pública para una asignatura cuyo requisito era ser licenciado en Comunicación Audiovisual, ésta fue rechazada por el motivo “titulación no adecuada”. Mis temores se habían confirmado: el funcionario de turno, al ver que mi título discrepaba con lo solicitado, no se molestó en confirmar si el certificado tenía homologación alguna con el requerido. Así que, tras dar carpetazo al asunto, pasó a otro tema. ¿El desayuno, tal vez? Evidentemente puse una reclamación por escrito, pero la señora que me atendió lo hizo advirtiéndome también de que "ante el silencio administrativo" sólo quedaba como única solución posible denunciarlo en los juzgados. El silencio administrativo, para aquellos que no lo sepan es, ni más ni menos, que no se molestan siquiera en contestarte, cosa que así sucedió. Esto no es ninguna excepción, sino la norma, como me confirmó la abogada a la que acudí. El problema residía en que el argumento a defender en un posible juicio era exponer que ambos títulos tenían la misma validez. ¿Cómo demostrarlo? Al preguntar la abogada en la consejería de educación de mi ciudad sobre el tema, nadie le respondió con claridad, pasándole la responsabilidad de la acreditación a la facultad donde estudié. Pero ¿acaso no disponen en la susodicha consejería de unas listas con los títulos homologados por el Ministerio de Educación y Ciencia –MEC- en el territorio español? En caso de una sorprendente respuesta negativa, ¿no sería lógico en pleno siglo XXI acceder a esta información a través de una base de datos o una intranet? Probablemente la respuesta a ambas preguntas sea afirmativa, pero una cosa es poder y otra querer (cambiando el orden del conocido dicho).

Tras pasar días en vano buscando por Internet algo que demostrase fehacientemente mis postulados, tuve que abandonar. Aunque parezca increíble, no encontré nada, pero estamos hablando de un cambio en planes de estudio que sucedió hace 13 años y las miles de páginas que contienen los términos “comunicación audiovisual” no muestran información concreta acerca de la homologación de los títulos. Así que llamé a la facultad. Pero después de oírme con estupor, me respondieron que ambos títulos eran lo mismo, aunque con distinto nombre, por lo que no podía tener problemas de ningún tipo. Tras añadir que allí no realizan acreditaciones de este estilo, me conminaron a que llamase al Ministerio de Educación de Madrid. Esto fue lo que hice, pero también aquí se mostraron desconcertados, afirmando que no deben de existir problemas con un título homologado en territorio nacional. Por último, para acabar, me dijeron que escribiese una carta al ministerio exponiendo el caso. Y lo hubiese hecho, ya que era lo último que me quedaba, cuando descubrí que existía un servicio de atención al ciudadano en la Web del MEC. Allí podía hacer una consulta a través del mail siempre que no me pasase de 2.500 caracteres. Tras redactarla con cuidado, la envié y esperé resultados. He de decir en su defensa que este servicio funcionó muy bien, ya que me contestaron a los pocos días diciéndome dónde encontrar la información que pedía: en el Real Decreto 1954/1994, de 30 de septiembre, sobre homologación de títulos a los del Catalogo de Títulos Universitarios Oficiales, creado por el Real Decreto 1497/1987, de 27 de noviembre.

He escrito estas líneas porque presumo que puede haber más compañeros de carrera en mi situación o en disposición de que les pueda afectar este problema. Espero que con mis comentarios y el archivo que adjunto les pueda ahorrar alguno.

Homologacion titulos_rd1954-94.pdfHomologacion titulos_rd1954-94.pdf

Es un hecho la poca valoración social de nuestro título (contra esto es difícil luchar y sería un tema para llenar muchas páginas), pero una cosa es asumir esa realidad y otra cruzarse de brazos cuando una entidad o persona le quita toda validez a nuestros estudios hasta desde un punto de vista oficial.

La cuestión ahora está en el futuro. El daño ya está hecho: me excluyeron del profesorado por una ineptitud administrativa y, aunque denunciase finalmente y ganase el juicio, está claro que habré perdido el tren laboral-educativo durante al menos uno, dos o quizás más años. ¿Me compensará alguien por ello? Lo dudo.

Un saludo y suerte a todos,

Fdo.: Tyler Durden


Tyler Durden es, obviamente, un pseudónimo.  Por motivos personales,  el autor del artículo nos ha pedido no figurar con su nombre verdadero, a lo cual hemos accedido por entender que la información suministrada también puede ser muy útil a otros licenciados en idéntica situación.

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