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ALTA DEFINICIÓN VERSUS CINE: EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS...

(23 de febrero de 2004)

Por Luis Santiago Díaz González

 

Los nuevos formatos de video en Alta Definición (HD), tales como el HDCAM de la firma Sony han ido ganando posiciones con una rapidez sin precedentes como elección para el rodaje de películas frente al soporte fotoquímico tradicional. Sin embargo, esta aceptación generalizada por parte de los productores en connivencia no declarada con unos espectadores poco o nada exigentes desde el punto de vista de la calidad visual ha generado una serie de falsas expectativas, sobre todo en realizadores jóvenes y en empresas productoras embarcadas en proyectos de bajo presupuesto.

En realidad la Alta Definición no es la panacea ni –al menos hoy por hoy- una alternativa a la película cinematográfica. No lo es bajo el prisma de la igualdad de calidad de imagen y, desde luego, desde el de la reducción de costes. El problema es que cada vez resulta más difícil separar los hechos objetivos de la publicidad de las empresas que desarrollan equipos de HD. Debido a la popularidad en el mercado de consumo de algunas de estas empresas, los avances tecnológicos en el campo del video llegan más fácilmente al público medio de lo que lo pueden hacer los avances en el terreno de la tecnología de películas y equipos para cine más centrados estrictamente en los profesionales del sector. Ciertamente los fabricantes de película tales como Kodak o Fuji continúan ofreciendo emulsiones fotoquímicas cada vez más sensibles a la luz y con más capacidad de resolución hasta el punto de que la película de mayor sensibilidad disponible en el mercado es de 800 ASA. No obstante, la más sofisticada cámara de HD tiene una sensibilidad nominal comparable a 320 ASA antes de activar la ganancia con la consiguiente degradación de la imagen de cara a una multigeneración. Por su parte, fabricantes de cámaras de cine tan reconocidos como Panavision, Arri o Aaton, sin descartar incursiones en el terreno de la HD, siguen desarrollando cámaras de cine cada vez más avanzadas que integran circuitos de electrónica digital y que, con los accesorios adecuados, son capaces de imágenes más complejas y de más belleza que la mejor cámara de Alta Definición.

Se trata pues de establecer comparaciones objetivas que no se basen en folletos de propaganda de uno u otro fabricante. Vayamos por partes.

Uno de los primeros parámetros que miden la calidad de un soporte de imagen son las dimensiones del mismo. En este sentido, el ancho de un negativo cinematográfico de 35 mm. no admite comparación con los CCDs de 2/3 de pulgada de una cámara de HD. Lógicamente, mayor tamaño de imagen significa también mayor número de líneas de resolución, concretamente 3072 líneas horizontales para un formato de cine de 35 mm. Academia frente a las 1080 líneas del HD. Si lo consideramos en términos de número de pixels por línea, en cine podemos llegar hasta los 4096 frente a los 1920 de la Alta Definición. Incluso comparando un formato cinematográfico de menor tamaño como el de 16 mm. obtenemos unas 1400 líneas de resolución horizontal. Como consecuencia, cuanto mayor vaya a ser la ampliación de la imagen final, mayor tamaño y resolución debería tener el soporte original. La Alta Definición por lo tanto funcionaría mucho mejor en la pantalla de un televisor que en una sala de cine.

Un segundo punto sería el rango tonal, esto es la capacidad de registrar una escala de brillos más o menos amplia de la escena original. En este sentido, la diferencia entre cine de 35 mm. y HD es mínima y se sitúa en torno a los 11 puntos de diafragma de diferencia de brillos en el momento de captación de la imagen. Sin embargo, este rango tonal se ve reducido a la hora de reproducir la imagen final debido a la diversas fases por las que pasa la imagen original hasta el punto de que, finalmente, en el caso de la película se acaba con casi 8 puntos de diafragma de diferencia y en el caso del HD de unos 6 antes de empezar a perder detalle en las altas luces o en las sombras de la escena. Por otra parte, en soporte cinematográfico no tenemos compresión de la información en la fase de registro de la imagen mientras que en HD, de cara a poder grabar en la cinta un flujo de datos del orden de más de 74 Megabits por imagen es necesaria una relación de compresión alta de 7:1. Esta información que por cierto los fabricantes no suelen dar, supone una reducción en el rango tonal y la reproducción de color de la imagen que finalmente se graba en la cinta.

Una tercera cuestión que no se suele considerar pero que es de gran interés para la conservación de las imágenes es la duración del soporte en el tiempo. Una cinta magnética incluso conservada en las condiciones adecuadas tiene una vida más corta que un negativo cinematográfico. Esto es especialmente importante para archivos audiovisuales y para obras que deben tener rentabilidad a largo plazo; la inversión que se hace en una película o serie, sea ficción o documental, es de la suficiente envergadura como para que se deba seguir vendiendo en años sucesivos sin que sufra una degradación de la calidad de imagen. Si nos referimos a spots publicitarios, el cliente, según de qué tipo de producto se trate, esperaría que éste se pudiera seguir ofertando al mercado durante mucho tiempo. A la durabilidad del soporte hay que añadir los vaivenes del mercado audiovisual que, en el terreno del video significan una incertidumbre sobre qué formatos estarán de moda de aquí a cinco años. Si el original está registrado en cine sabemos que la definición y calidad seguirán siendo óptimas y que bastará con realizar en el futuro un telecinado digital al formato de video que nos interese a partir del negativo original.

Cuando se trata de variar la velocidad de la cámara a más fotogramas por segundo, por ejemplo para efectos especiales y de cámara lenta, o a menos para acelerar un movimiento, no podemos contar con cámaras de Alta Definición puesto que éstas, como medio electrónico que son, dependen de una frecuencia de red eléctrica de 50 o 60 Hertzios. Hay modelos como la Varicam de Panasonic que permiten un cierto incremento de velocidad, pero nunca igualan ni con mucho las prestaciones de una cámara de cine en este sentido. Se puede apuntar que dichos efectos se consiguen hoy fácilmente en postproducción, pero hay que recordar que la calidad de imagen se suele resentir en estos casos puesto que lo que se suele hacer es reconstruir más frames a partir de los que hay o interpolarlos, sin embargo, en cine ya contaríamos en el momento de la adquisición de la imagen con el número adecuado de fotogramas a resolución completa cada uno de ellos representando una fracción muy pequeña del movimiento real.

Por último y no menos importante, está la cuestión de costes. Una falacia muy extendida es que los costes de rodaje en HD se reducen ostensiblemente frente a un rodaje en cine. Para discutir la cuestión deberíamos preguntarnos primero qué es lo que encarece el cine. En el presupuesto de una película, por encima de los costes de los equipos de cámara e iluminación y de los costes de película y laboratorio se hallan los del personal artístico. En efecto, las mayores partidas se destinan a los sueldos de los primeros intérpretes, director, etc... y la variación de estos costes no está en función de en que soporte se ruede. Si desglosamos los presupuestos en función del equipamiento técnico, el alquiler de una cámara de cine y sus accesorios es unas tres veces menor que el de una cámara de HD y sus complementos. Tengamos en cuenta que en Alta Definición necesitamos una serie de equipo adicional bastante caro si queremos que sus prestaciones se acerquen a las del soporte cinematográfico como son monitores de HD de al menos 24 pulgadas –sobre todo cuando el director de fotografía ilumina la escena guiándose por el monitor sin recurrir al fotómetro-, convertidores de señal, monitor de forma de onda y vectorscopio. Todos estos equipos son muy sensibles a temperaturas extremas y a la humedad por lo que fuera de un estudio necesitan un camión o furgoneta especialmente acondicionado. Los objetivos de Alta Definición también son más caros que muchos de sus homólogos para cine, ya que si utilizamos objetivos de video estándar sería como ponerle a un Mercedes las ruedas de un Seiscientos y no aprovecharemos la calidad del formato frente al video de definición estándar. Por otra parte los objetivos para cine no suelen ser compatibles con cámaras de video excepto mediante un adaptador que puede mermar el rendimiento de la óptica. Cabe suponer entonces que el ahorro fundamental vendrá del lado de los costes del material virgen y su posterior procesado en el caso del cine frente a las cintas de HD que no necesitan revelado y hasta ahí puesto que si se trata de un producto destinado a las salas de cine, aunque se haya rodado en HD, tendrá que acabar en soporte fotoquímico para que se pueda proyectar en los cines y con el mismo número de copias que el distribuidor decida con independencia de en que formato se rodó. Pero incluso si nos referimos exclusivamente a los costes del material fungible la comparación es relativa: por ejemplo el formato 16 mm. es más barato que el 35 mm. Si el producto está destinado a la TV - telefilme, documental o serie -, se puede optar por rodar en 35 mm. a tres perforaciones en lugar de a cuatro como se haría normalmente. Ello supone un ahorro del 25% sobre los costes de material y revelado. De hecho esta es la manera en la que se ruedan la mayor parte de las series norteamericanas de éxito – “Urgencias”, “24”, “CSI”, “Expediente X”, etc... -, ¿o es qué nadie ha notado la diferencia de calidad de imagen frente a las paupérrimas series nacionales grabadas en video de definición estándar y, generalmente, eliminando un campo de cada frame, o sea, degradando la imagen, para tratar de disimular el aspecto de video?. Finalmente, para poder aprovechar toda la calidad que puede ofrecer el HD de manera que la imagen final se aproxime al cine, es necesario que toda la postproducción se haga en HD sin repicados a formatos inferiores al menos en la edición final lo cual dispara los costes de manera considerable y a ellos habrá que sumar el precio del kinescopado del master en cinta en el laboratorio o el volcado a partir de la digitalización de las imágenes a soporte de película.

En definitiva, el ahorro final es relativo si es que llega a existir realmente.

No se trata aquí de menospreciar la Alta Definición, al contrario, es un formato excelente para muchos usos y desde luego a todas luces superior al video de definición estándar, pero no iguala hoy en día el rendimiento de imagen que puede ofrecer el soporte fotoquímico como muchos pretenden hacernos creer. Simplemente es un soporte nuevo que constituye un puente entre la imagen electrónica tradicional y la imagen fílmica y una opción más que será mejor o peor en función de la aplicación a la que se destine.

Se puede alegar pues, desde el punto de vista subjetivo, que al espectador que paga la entrada a la sala le da igual en qué formato se ha rodado la película que va a ver o el del programa que se encuentra al encender su televisor. Pero si la diferencia en costes es mínima o nula, ¿no deberíamos ofrecerle la mejor calidad de imagen posible?. Considero que la respuesta debería ser sí, pero en un mercado audiovisual tan corto de miras y tan concentrado en unos pocos como el español, donde lo que se persigue no es la calidad del producto final logrando que éste pueda competir a nivel internacional, sino el beneficio inmediato en función del ahorro de costes, en un país de ciegos, el tuerto es rey.

 


Luis Santiago es licenciado en Imagen y Sonido, director de fotografía y profesor de vídeo/televisión. Ha trabajado en numerosos cortometrajes así como en todo tipo de producciones comerciales en 35mm, 16mm y en casi todos los formatos de vídeo profesional.

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