
CON SOL NOS DEJAMOS
LOS FOCOS
(23 de febrero de 2004)
Por Luis
Santiago Díaz
González
Todos los operadores de cámara o
directores de fotografía han temblado alguna vez ante
la sugerencia de más de un productor de que rodando
en exteriores se ahorra en costes de iluminación. La
industria audiovisual nacional está inundada de esta
especie de mitos en pos de un pretendido ahorro en los presupuestos.
Únicamente un productor que no conoce su oficio podría
suscribir tal idea y quedarse tan tranquilo.
Aprovechar la luz natural en un exterior
no significa, ni mucho menos, que no vamos a necesitar nada
excepto un reflector. En primer lugar rodar en exteriores
significa luchar contra el tiempo en los dos sentidos: el
cronológico y el meteorológico. El sol se mueve
de posición y ángulo a lo largo del día
y desde luego no obedece las órdenes de ningún
director, quedando afectada la continuidad de iluminación
de plano a plano dentro de una escena. Además hay que
contar con que las predicciones meteorológicas para
el día del rodaje son falibles y lo que se prometía
un día soleado puede convertirse finalmente en un día
cubierto. Aun cuando la luz solar es adecuada, ésta,
por si sola, no basta; es preciso controlarla, modificarla,
dirigirla, etc... Para ello hemos de recurrir a toda una serie
de accesorios tales como palios con telas difusoras y/o reflectoras,
espejos que nos permitan rebotar luz cuando ésta es
débil en un día nublado o redirigir un rayo
de sol, negros (banderas gigantes) que permitan crear volumen
y contrastes bloqueando luz en un día cubierto, bastidores,
brazos mágicos, tensores, sacos de lastre que eviten
la caída de los trípodes expuestos al viento
y una larga lista.
Todo rodaje requiere una planificación
exhaustiva que crece en proporción a la complejidad
del mismo tanto dentro como fuera de un estudio. La diferencia
estriba en que dentro de un estudio nada escapa a nuestro
control -o así debiera ser-, mientras que en un interior
natural o en un exterior estamos en mayor o menor grado mecidos
por una serie de circunstancias que nos son ajenas. Frente
a estos factores, los buenos profesionales tratan de cubrirse
de la mejor manera posible. Es por ello que en un rodaje en
exteriores se sigue necesitando iluminación adicional,
generalmente proyectores de gran potencia equilibrados para
temperatura de color de luz día (sirios), que nos permitan
bien rellenar las sombras de la luz solar para domar el contraste
de la escena, bien simular el sol si éste decide no
colaborar. El productor que pretende ahorrar negando este
tipo de necesidades se expone invariablemente a una suspensión
del rodaje ante un cambio de las condiciones climatológicas,
factor que se traduce en un coste mucho mayor que el alquiler
del equipo de iluminación adecuado para esa jornada.
Pero incluso si el tiempo acompaña, seguirá
habiendo una diferencia sustancial en unos planos de unos
actores a los que no vemos los ojos o la mitad de la cara
por las fuertes sombras del mediodía y aquellos en
los que las caras y el rango tonal de la escena salen favorecidos
encajando perfectamente en la latitud del soporte de imagen
sea cine o video. Estas consideraciones son mucho más
críticas si el rodaje tiene lugar lejos de un sitio
donde hay empresas de servicios que podrían solventar
el problema sobre la marcha; desplazar a artistas, técnicos
y material a un lugar lejano y luego tener que cancelar la
jornada de trabajo por una falta de previsión basada
en el ahorro es una mala manera de comprender la naturaleza
de esta hermosa profesión.
Para cubrirse, un director de fotografía
responsable, ordenará, siempre teniendo en mente qué
tipo de producción es y con qué presupuesto
se cuenta, focos y accesorios que permitan acabar la jornada
en exteriores con un material que puede ser editado sin que
los cambios de luz a lo largo del día hagan que el
espectador se percate más de la incoherencia de la
luz y el color de plano en plano que de la historia que se
está contando. Lo último que un director quiere
oír en un rodaje es “no se puede”. Lo último
que el productor quiere escuchar es la risa o los cuchicheos
de los espectadores en la sala cuando notan lo que no debería
notarse.
Luis
Santiago es licenciado en Imagen y Sonido, director de fotografía
y profesor de vídeo/televisión. Ha trabajado
en numerosos cortometrajes así como en todo tipo de
producciones comerciales en 35mm, 16mm y en casi todos los
formatos de vídeo profesional.
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